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Cómo secar y guardar la tienda de campaña al volver para que no salga moho

Cómo secar y guardar la tienda de campaña al volver para que no salga moho

Vuelves de acampada, descargas el coche y la tienda acaba en el trastero dentro de su funda, tal como la metiste el último día. Dos meses después la sacas y huele a cerrado, tiene manchas negras por dentro. Lo que ha pasado ahí dentro no es mala suerte: es moho, y es casi la única forma de cargarte una tienda buena en una temporada.

Secarla bien al volver no lleva tanto rato como parece, y guardarla con un poco de cabeza alarga su vida de forma clara. Te cuento qué le pasa a la tela cuando la guardas húmeda, qué hacer el mismo día que llegas y cómo dejarla lista hasta la próxima salida.

Por qué sale moho (y por qué se come la tienda)

El tejido exterior de casi todas las tiendas lleva un recubrimiento por dentro, normalmente de poliuretano, que es lo que impide que el agua pase. Ese recubrimiento es sensible a la humedad prolongada: si guardas la tienda mojada, el agua queda atrapada contra el plástico sin aire que la seque, y aparecen a la vez dos problemas.

El primero son los hongos. Las esporas están en el aire siempre; en cuanto encuentran tela húmeda, oscuridad y temperatura templada —justo lo que hay dentro de una funda guardada— se asientan y crecen. Dejan manchas negras o verdosas que no salen con un lavado normal, porque las hifas se meten entre las fibras y tiñen desde dentro.

El segundo es la hidrólisis del recubrimiento. El poliuretano, en contacto largo con agua, se descompone: pierde elasticidad, se vuelve pegajoso, huele raro y acaba cayéndose a trozos. Cuando una tienda vieja se "despega" por dentro, suele ser esto. Y no tiene arreglo bueno: puedes reimpermeabilizar una tienda vieja, pero si el recubrimiento ya se ha deshecho, lo que queda es rascar lo que se cae y aplicar producto nuevo, con un resultado desigual.

Las costuras selladas con cinta termofijada sufren por el mismo camino: la humedad despega la cinta y la tienda empieza a calar por las costuras, aunque la tela aguante.

El mismo día de volver: desmontar y airear

Si llegas con la tienda mojada o con rocío —que es lo normal si recoges a primera hora— lo mejor es montarla otra vez en casa en cuanto puedas. En el jardín, en una terraza, en el garaje con la puerta abierta, incluso en el salón si no hay otra. No hace falta clavarla: con que esté desplegada y abierta de par en par ya vale.

Lo que buscas es que el aire circule por las dos caras de la tela. Abre todas las puertas y mosquiteras, separa el doble techo del interior si tu modelo lo permite, y deja los ábsides levantados. El suelo es el que más tarda, porque suele quedar en contacto con tierra o hierba húmeda; dale la vuelta un rato para que seque también por fuera.

Sombra mejor que sol directo. El sol seca rápido, sí, pero el ultravioleta degrada el poliuretano y, sobre todo, los hilos de las costuras, que son el punto débil. Un par de horas al sol no pasa nada; una tarde entera sí deja huella si lo haces cada vez.

Si al volver no puedes montarla, al menos sácala de la funda y tiéndela como puedas: por sillas, por una barandilla, por el tendedero. Guardarla una noche más en la bolsa, mojada, ya es tiempo de sobra para que empiece a oler.

Qué secar, además de la tela

La tienda no es solo la tela. Hay varias piezas que se guardan húmedas sin que te des cuenta:

  • Las varillas, por dentro. El agua entra por los extremos y se queda ahí; con el tiempo oxida los empalmes de aluminio y pudre la goma elástica que las une. Sepáralas, sécalas con un trapo y déjalas al aire antes de volver a plegarlas.
  • Las piquetas. Van llenas de barro casi siempre. Cepíllalas en seco, pásales un trapo y guárdalas en su bolsa aparte, nunca sueltas dentro de la tienda, porque los extremos agujerean la tela. Para elegirlas, mira qué piquetas usar según el suelo.
  • La bolsa de transporte. Si la tienda viene mojada, la bolsa también. Dale la vuelta y tiéndela.
  • El sobretecho de los ábsides y los vientos. Los vientos de nailon absorben agua y la ceden a la tela si los guardas enrollados dentro.

Si has acampado en arena o en pinar, pasa una escoba suave o un cepillo por el suelo antes de plegar. Agujas de pino y granos de arena dentro de los pliegues cortan la tela por rozadura, poco a poco, cada vez que la mueves.

Cuándo está realmente seca

El error habitual es dar por seca una tienda que al tacto parece seca pero que todavía tiene humedad en las costuras, en los dobladillos del suelo y en la zona que ha estado en contacto con el terreno. Toca esas partes con la mano por dentro y por fuera; si notas frescor, aún no está.

Otra prueba: huele el interior cerca del suelo. Si huele a tierra mojada o a cerrado, le falta aire. Déjala otro rato. Una tienda familiar grande con habitaciones separadas puede necesitar un día entero montada en casa; una pequeña de dos plazas, un par de horas largas basta.

En invierno o en días de lluvia, cuando no puedes airear fuera, un ventilador apuntando al interior acelera mucho el secado. Un deshumidificador en la misma habitación también funciona. Lo que no debes usar es un secador de pelo ni una estufa cerca: el calor directo deforma la tela y derrite el recubrimiento.

Guardar: dónde, cómo y en qué

Una vez seca, el sitio importa casi tanto como el secado. El trastero sin ventilación o el maletero del coche no sirven: la humedad del ambiente va entrando poco a poco y, aunque no salga moho, el recubrimiento se degrada igual. Busca un sitio con temperatura estable, seco y oscuro. Un armario alto en casa es mejor que un garaje húmedo.

Sobre cómo plegarla, dos ideas. La primera: no la guardes siempre doblada por los mismos pliegues. La tela, con el tiempo, pierde recubrimiento justo por donde la doblas, porque el plástico se agrieta. Varía los dobleces de una temporada a otra.

La segunda: si tienes sitio, guárdala sin apretar. Las fundas de fábrica van ajustadas para transporte, pero para guardar meses lo ideal es una bolsa más grande —vale una funda de almohada vieja o una bolsa de tela— donde la tienda quede holgada. Así el recubrimiento no está comprimido contra sí mismo todo el invierno. Las varillas y las piquetas, aparte.

Un par de bolsitas de gel de sílice dentro ayudan a mantener la humedad baja, sobre todo si el sitio donde la guardas no es del todo seco. Se encuentran junto a los accesorios de camping y se pueden regenerar como indique su envase.

Si ya ha salido moho

Las manchas pequeñas y recientes se van frotando con un cepillo blando, agua tibia y jabón neutro, por fuera y por dentro, y aclarando bien. Para manchas más asentadas se usan productos específicos de limpieza de lonas; evita la lejía, que decolora la tela y ataca el recubrimiento y las costuras.

Si después de limpiar la tienda calaba por donde antes no calaba, el recubrimiento ya está tocado y toca reimpermeabilizar. Si el poliuretano del suelo o del techo se cae a tiras al pasar la mano, la tienda está al final de su vida útil y lo que gastes en recuperarla rara vez compensa.

Para la próxima, el orden es siempre el mismo: desmontar, airear las dos caras, secar accesorios, comprobar costuras y dobladillos, y guardar holgado en sitio seco. Diez minutos extra al volver de cada salida alargan mucho la vida de la tienda. Para el montaje, mira cómo montar una tienda de campaña por primera vez.

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